La virtud de los animales de captar las energías negativas y positivas en un lugar obedece a su enorme instinto natural o al llamado “Tao interior”. Por ser seres que manifiestan una naturaleza esencialmente incontaminada y, además, despojada de lo que llamamos “razón consciente” (propia de los seres humanos), es como estos se convierten en una especie de antenas o receptores de energías.